miércoles, 10 de septiembre de 2008

Ha muerto el gran pintor Antonio Povedano, padre de nuestro compañero Marrugat


En la madrugada del 7 de septiembre falleció a los 89 años de edad el gran pintor Antonio Povedano, padre de nuestro compañero Antonio Povedano Marrugat, a quien enviamos nuestro pésame y un fuerte abrazo.

Muchos medios han reflejado la pérdida y homenajeado a este gran artista. Esta es una muestra, en las páginas de ABC:

"El pintor cordobés Antonio Povedano Bermúdez falleció en la madrugada de ayer en el Hospital de la Cruz Roja de Córdoba, donde permanecía ingresado desde hacía tres días a causa de un problema respiratorio agudizado.
Povedano, que el próximo 26 de octubre cumplíría 90 años, era uno de los principales referentes de la pintura cordobesa y española contemporánea. Destacó a lo largo de su dilatada y aplaudida trayectoria profesional especialmente por sus paisajes -no en vano era uno de los artistas españoles que gozaba de mayor prestigio en este género- y por sus vidrieras, técnica que dominaba a la perfección y que renovó junto a una generación de pintores vidrieros en los años cincuenta y sesenta del siglo XX.
De ahí que el catedrático de Historia del Arte Víctor Nieto, autor de un libro sobre Povedano, lo definiera en una ocasión como el «pintor de la luz» que, a su entender, supo «leer».
Además del paisaje y la vidriera, Povedano practicó con genialidad el retrato, el mural y el mosaico; se movió a través de estilos como el post-impresionismo, el postcubismo o el expresionismo, y tuvo en los toros y, sobre todo, el flamenco dos de sus temas preferidos. Su amigo, el cardiólogo Manuel Concha, lo describía ayer como un pintor polifacético, que «entendió la expresión flamenca» y se acercó a este arte con el pincel como nadie lo ha hecho.
Pero no sólo fue artista, ni su legado queda en los lienzos o vidrieras. También ejerció de maestro en el más amplio -y práctico- sentido de la palabra, pues satisfizo su inquietud por transmitir sus conocimientos a lo largo de numerosos cursos como el que estuvo impartiendo el mes pasado en Priego de Córdoba, localidad en la que creó unos Cursos sobre Paisaje -que también se han realizado en la capital- y en la que en el año 2000 se inauguró el Museo del Paisaje Español Contemporáneo que lleva su nombre.
Fue a la vuelta del curso en Priego cuando Povedano comenzó a sentirse cansado y pocos días después se decidió su ingreso para practicarle unas pruebas, según explicaron sus allegados, que indicaron que hasta el último momento ha estado creando e ilusionado. No en vano, en la última entrevista concedida a ABC el pasado mes de marzo, afirmaba que aún le quedaba por hacer «la obra final, que creo que todavía puedo hacer».
Precisamente, en ese afán de seguir trabajando y «aprendiendo», como él solía decir, se encontraba inmerso en un nuevo proyecto expositivo de cuadros de gran formato.
Vocación contra viento y marea
El gusto por la pintura llegó desde pequeño a Antonio Povedano, nacido el 26 de octubre de 1918 en Alcaudete (Jaén), aunque pronto se trasladó a vivir a El Cañuelo, una aldea de Priego, donde residió hasta que tuvo 20 años. Fue entonces cuando las becas le dieron el impulso y ayuda necesarios para desarrollar su vocación, incomprendida en el humilde ambiente familiar.
Gracias a ellas llegó a la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad (en la que en 1963 consigue plaza como profesor de Dibujo), paso previo a su matriculación en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla. Después continuó estudiando en la de San Fernando de Madrid, ciudad en la que entabló relación con la elite cultural de aquel momento y en la que realizó su primera exposición personal en 1954 con cuadros que se enmarcan en el constructivismo. También allí hizo Povedano sus primeros retratos y comenzaron los encargos, pero fue la Bienal de Venecia, a la que acudió como el primer español que salía del país con obra contemporánea, donde se le abrieron las puertas de todo el mundo.
Povedano apostaba por el «oficio» y el «dominio de la técnica» para desarrollar la expresión artística, tal y como explicaba en una de las últimas entrevistas concedidas a este periódico, en la que lamentaba la escasa repercusión en el arte de los paisajes de Córdoba.
Pérdida irreparable
Precisamente en la capital se encuentra gran parte de su obra, también presente en museos como el Reina Sofia de Madrid o en colecciones de Nueva York, México, Roma o París. En Córdoba destaca la vidriera «Letanía Lauretana», de 130 metros, en la parroquia de Santa María Madre de la Iglesia.
Su muerte supuso ayer una pérdida irreparable para la cultura cordobesa. El arquitecto Rafael de la Hoz, con cuyo padre trabajó en no pocas ocasiones codo con codo Povedano, afirmaba tras conocer la noticia que su obra, inmersa en la generación de la que también formaban parte Ginés Liébana, Tomás Egea o el propio Rafael de la Hoz Arderius, fue «un mérito extraordinario que las generaciones posteriores le debemos».

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Descanse en paz.

J. M. Varona

An dijo...

Aunque por desgracia no conozco a ninguno de los dos...mi más sincero pesame, por que toda perdida es dolorosa :( saúdos

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