jueves, 15 de enero de 2015

Los líderes del cinismo

Atentado en París contra Charlie Hebdo (y II): El cinismo de los jefes de Estado.




Numerosos líderes acudieron el domingo a la manifestación parisina para situarse en cabecera, o en grupo aparte. Entre ellos, había quienes reprimen la libertad de expresión en sus países como Netanyahu, políticos rusos, turcos, el presidente húngaro Viktor Orban… El propio Rajoy que está a punto de aprobar contra viento y marea su Ley Mordaza y la modificación del Código Penal apareció impoluto y del lado de los manifestantes. Y no parece que para cazar terroristas sino la protesta ciudadana a sus políticas.
 

Esta otra fotografia fue sacada desde otro ángulo que evidencia que los políticos están posando ante las cámaras, separados de la multitud. Aunque la medida de ‘aislar’ a los dirigentes se habría tomado para garantizar su seguridad, en las redes sociales han aparecido acaloradas críticas hacia los líderes, a los que acusan de hipocresía

Fragmento del artículo publicado por el periodista Santiago Miró, en su blog "Negro sobre blanco"  http://smfdiario.blogspot.com.es

martes, 13 de enero de 2015

"La soledad de una revista pese al "Yo soy Charlie"

"Quizás con la excepción de Le Canard Enchainé, otra revista satírica extremadamente caústica, Charlie no tenía parangón y su militancia antirreligiosa, que se aceleró desde la crisis de las viñetas de Mahoma en 2005, no tenía límite, ni dejaba fuera a ninguna confesión. Era criticada a menudo por políticos franceses por su virulencia y vivía una situación financiera cada vez más precaria. En noviembre, habían lanzado un llamamiento porque, con un media de 60.000 ejemplares y sin subvenciones ni publicidad para salvaguardar su independencia, consideraban que su supervivencia estaba en peligro. "¿Por qué estaban tan solos?", se titula el reportaje principal del número especial de la revista Marianne tras la matanza. "¿De qué han muerto nuestros amigos de Charlie Hebdo? Del odio de sus asesinos, sin duda. Pero no solamente. También han muerto a causa de su gran soledad. Cada día estaban más solos en la primera línea de la defensa de la libertad de expresión. Combatían sin mucho apoyo. Fueron abandonados a una amenaza creciente, progresiva, previsible, que sólo la valentía no era suficiente para desactivar"

Fragmento del artículo de Guillermo Altares ("El país")

Mordillo, por "Charlie"


Las dudas de Julian Assange sobre el caso Charlie Hebdo

El fundador de WikiLeaks, Julian Assange, asegura que el caso 'Charlie Hebdo' genera varias sospechas y plantea preguntas. Asimismo, cree que los ataques terroristas en Francia fueron posibles a causa de la incompetencia de las autoridades francesas y sus numerosos errores geopolíticos.

Según el fundador de WikiLeaks, Julian Assange, el evidente fracaso en el caso ‘Charlie Hebdo’ obliga a plantear serias preguntas. La primera de ellas es si los servicios franceses protegieron a los hermanos
Kouachi “como parte del aventurismo francés en Siria, Libia y otros lugares, como un conducto para canalizar dinero, armas y militantes hacia África y Oriente Medio”. Si realmente los protegieron, ¿lo hicieron porque eran informantes, voluntarios o involuntarios?, ¿los protegieron para poder arrestarlos segundos antes del ataque, en una operación al gusto de los medios de comunicación?, reflexiona el fundador de WikiLeaks.
“¿Por qué era tan débil la seguridad del edificio de ‘Charlie Hebdo’? ¿Cómo pudieron conseguir conocidos yihadistas armas semiautomáticas en Francia? Y, sobre todo, ¿por qué se ha tolerado el enloquecido aventurismo sunita de Francia en Siria, Libia y otras partes de África a pesar de la desestabilización inevitable, radicalización y consecuencias que inevitablemente conlleva?”, termina Assange su artículo.
Además, Assange ha respondido a Max Hastings, de ‘The Daily Mail’, que lo acusó a él y a Edward Snowden de ser responsables de la matanza en París al “haber debilitado la seguridad”.
El secretismo genera corrupción, pero también engendra incompetencia, y los servicios secretos franceses no son una excepción a esta regla. En esta ocasión el Estado de seguridad francés ha tratado de presentar a los asesinos como supervillanos con el fin de ocultar su propia incompetencia”, subraya Assange, citado por WikiLeaks.
“La tragedia de París es otro ejemplo de que lo que hace falta es vigilancia específica competente, no vigilancia masiva”, afirma Assange. Recuerda que los atacantes eran yihadistas bien conocidos; a pesar de que ambos hermanos figuraban en listas de terroristas, se comunicaron cientos de veces mediante teléfonos convencionales antes y durante los ataques, y las oficinas de Charlie Hebdo habían recibido muchas amenazas de muerte.

“La adicción a la vigilancia masiva no es gratuita. En Francia ha costado cualificados recursos humanos y financieros, impidiendo seguir objetivos específicos obvios, como la parte delantera del edificio de ‘Charlie Hebdo’ y personas que salían de la cárcel con una condena por terrorismo en una mano y numerosos contactos yihadistas en el otro”, resume Assange.

(De "El Ciudadano" www.elciudadano.cl 

Primera portada de "Charlie Hebdo", después del ataque asesino






































 Con una tirada de tres millones de ejemplares, editada en varios idiomas, mañana continua "Charlie Hebdo". Esta es la portada.

lunes, 12 de enero de 2015

José María Varona "Che"




Korek


Un caricaturista de "Charlie Hebdo" rechaza las repentinas muestras de apoyo

"Tenemos muchos nuevos amigos: el papa, la reina Isabel II, Putin,... Tengo que reírme. Marine Le Pen seguro que estaba encantada cuando supo que había islamistas disparando en la redacción", ha afirmado uno de los fundadores de la revista. E Wikipedia
Uno de los miembros más antiguos de la revista Charlie Hebdo, el caricaturista holandés Bernard 'Willem' Holtrop, ha rechazado este domingo las repentinas muestras de apoyo de las autoridades mundiales y ha advertido de que no dudarían en "vomitar" sobre los "nuevos amigos" de la publicación. 'Willem', de 73 años, es uno de los miembros de la generación que fundó la revista en 1968.
"Tenemos muchos nuevos amigos: el papa, la reina Isabel II, Putin,... Tengo que reírme. Marine Le Pen seguro que estaba encantada cuando supo que había islamistas disparando en la redacción", ha afirmado 'Willem' en una entrevista con el periódico holandés Volkskrant. "Vomitamos sobre toda esta gente que ahora dice que son nuestros amigos", ha apostillado.
En ese sentido, ha asegurado que muchos de los que expresan su apoyo al Charlie Hebdo "nunca lo han visto". "Hace unos años, miles de personas se manifestaron en Pakistán contra Charlie Hebdo. No sabían qué era. Ahora es al revés, pero si se manifiestan a favor de la libertad de expresión, bienvenido sea, claro", ha argumentado.
'Willem' iba en un tren entre Lorient y París el pasado miércoles, cuando fue atacada la redacción del Charlie Hebdo. El ataque coincidió con la reunión semanal del comité editorial, pero a él no le gustaban estas reuniones, lo que probablemente salvó su vida. Ahora, su principal objetivo es el próximo número de la revista pese a la pérdida de periodistas y caricaturistas. "De lo contrario, habrán ganado", ha concluido.
Bernard "Willen" Holtrop 

http://vozpopuli.com

domingo, 11 de enero de 2015

Luis Sanchez


Debate sobre la libertad de expresión

DEBATE SOBRE LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN
¿Qué clase de civilización somos?
DERECHO A OFENDER. Su decisión de publicar unas viñetas de Mahoma para denunciar la autocensura encendió el debate sobre el futuro de la libertad de expresión. Flemming Rose, jefe de Internacional del ‘Jyllands-Posten’, el principal diario danés, reflexiona sobre el uso de la sátira como respuesta de una civilización sana ante la barbarie
Philippe Val, entonces redactor jefe de Charlie Hebdo, no podía ocultar su irritación cuando, en 2007, con motivo del juicio celebrado contra la revista satírica de izquierdas por publicar unas viñetas de Mahoma, se le preguntaba si realmente había sido necesario, si no se trataba de una provocación innecesaria y un ataque a una minoría débil y oprimida. Charlie Hebdo había reproducido unos dibujos del diario Jyllands-Posten, junto con otras viñetas del profeta hechas por sus caricaturistas, como reacción a los ataques contra las Embajadas danesas y las amenazas al diario. “¿Qué civilización seríamos si no nos pudiésemos burlar, mofar y reír de los que vuelan trenes y aviones y asesinan en masa a inocentes?”, se preguntaba indignado Philippe Val. La pregunta resurge con fuerza tras la matanza en la redacción de Charlie Hebdo.
La sátira es una de las respuestas de una sociedad abierta ante la violencia, las amenazas y la barbarie. La sátira es pacífica, aunque pueda picar y escocer. No mata; ridiculiza y expone públicamente. Nos mueve a la risa, no al miedo o al odio.
La sátira es la respuesta de una civilización sana ante la barbarie. Por supuesto que un dibujo nunca vale la vida de una sola persona. El problema es que hay quienes insisten en esa idea. ¿Y cómo debemos comportarnos nosotros, en tanto que gestores de la palabra libre? ¿Cuántas amenazas y actos terroristas habrá que sumar para que los fundamentalistas de la ofensa comprendan que con su defensa del derecho a no ser ofendidos y su absurda equiparación entre malas palabras y malas acciones le están haciendo un favor a la tiranía?
La matanza de París es la trágica culminación, por ahora, de más de 25 años de debate en Europa en torno a la libertad de expresión y sus límites. Comenzó con Salman Rushdie, que en 1989 tuvo que desaparecer después de que las autoridades religiosas de Irán, mediante una fetua (edicto), llamasen a todos los creyentes musulmanes a asesinar al escritor debido a unas pocas páginas de su novela Los versos satánicos. Desde entonces se ha sucedido un caso tras otro. La mayoría ha girado en torno a cómo tratar el islam en la esfera pública de una democracia, pero no se trata únicamente de musulmanes ofendidos. Casos similares han afectado a sijs, hindúes, cristianos ortodoxos, nacionalistas y todo tipo de grupos que insisten en prohibir la expresión de lo que consideran ofensivo.
“La sátira no mata; ridiculiza. Nos mueve a la risa, no al miedo o al odio”
Tanto Charlie Hebdo comoJyllands-Posten han sido objeto de procesos judiciales. Ambos hemos sido absueltos en los casos planteados contra nosotros. En una democracia y en un Estado de derecho, se respetan las decisiones de los tribunales, aun cuando se pueda estar en desacuerdo con una sentencia. Ese es uno de los modos en los que resolvemos los conflictos. La otra forma es mediante el debate libre y abierto. Este debate lo perdieron en Dinamarca y Francia los musulmanes radicales, pero en lugar de mantenerse fieles al principio básico de la democracia de confrontar palabra con palabra, dibujos con dibujos y dejar hablar a los argumentos verbales, aquellos que se sintieron ofendidos por causa de su dios o su profeta se aferraron a la violencia o la alentaron.
Justamente por eso, es indignante que tantas voces en este debate (sin mencionar nombres y sin olvidar a nadie) hayan hecho algo más que insinuar que Jyllands-Posten, Charlie Hebdo, el director holandés Theo van Gogh, asesinado en 2004, Lars Vilks en Suecia, Lars Hedegaard y Naser Khader en Dinamarca, Robert Redeker en Francia, Ayaan Hirsi Ali en Holanda, Maryam Namazie en Gran Bretaña y una larga serie de europeos que en los últimos años han sido amenazados de muerte o víctimas de intentos de asesinato, en cierto modo se lo han buscado. Un famoso humorista danés comparó en su día la publicación de las viñetas de Mahoma con provocar a un violento roquero. La indigencia moral e intelectual que subyace tras una afirmación así es sorprendente, pero el razonamiento prospera en nuestra cultura en distintas variantes.
Incluso un diario respetable como The New York Times escribió que las caricaturas desataron la violencia en el mundo musulmán. Naturalmente, eso no significa que los fundamentalistas de la ofensa toleren la violencia como reacción a unas viñetas. Pero sí que supone que en demasiados lugares de nuestra cultura, hay un acuerdo latente en que palabras y hechos pueden ser violentos y ofensivos en la misma medida. Pakistán y muchos otros países musulmanes han llegado incluso al punto de que el insulto, burla y ridiculización del Profeta mediante la palabra o gráficamente se castiga con la misma dureza que el asesinato y el terrorismo: con la pena de muerte. En las últimas décadas, la política de identidad y la lucha por un espacio público libre de ofensas ha hecho que este modo de pensar se extienda.
En el contexto de la crisis de las viñetas de Mahoma, Charlie Hebdopublicó a finales de febrero de 2006 un manifiesto con el título “Juntos. Haciendo frente a un nuevo totalitarismo”. Estaba firmado por Salman Rushdie, Philippe Val, Ayaan Hirsi Ali, el danés Mehdi Mozaffari y otros intelectuales procedentes de diferentes sectores del espectro político, pero que se unieron en su defensa de la libertad de expresión.
En él se decía: “Después de haber doblegado al fascismo, al nazismo y al comunismo, el mundo se enfrenta a una nueva amenaza totalitaria: el islamismo. Nosotros, periodistas e intelectuales hacemos un llamamiento a la resistencia contra este totalitarismo religioso y a la defensa de la libertad, la igualdad de oportunidades y los valores seculares. Los últimos sucesos relacionados con la publicación de las viñetas de Mahoma en periódicos europeos han revelado la necesidad de luchar por estos valores universales. Esta lucha no será ganada mediante las armas, sino en el campo de batalla ideológico”.
El manifiesto contra el totalitarismo concluía: “Nos negamos a renunciar a nuestro espíritu crítico por miedo a ser acusados de “islamófobos”, un concepto gastado que mezcla la crítica del islam con la estigmatización de los creyentes. Defendemos la libertad de expresión como un derecho universal, para que el espíritu crítico pueda darse en todos los continentes, alzarse frente a cualquier maltrato o dogma. Apelamos a los demócratas y a los espíritus libres de todos los continentes para que nuestro siglo sea el de la luz y no el de la oscuridad”.
Charlie Hebdo fue quizá el único medio de comunicación europeo que, a pesar de las amenazas y a un atentado incendiario, insistió en el derecho a continuar burlándose de todas las religiones. Dirigieron sus punzadas tanto contra el Papa como contra el Profeta. Trabajaban desde una tradición bien establecida en la que no hay nada sagrado; una tradición que tras la Reforma, y especialmente en tiempos de la Ilustración, se fue extendiendo a la par que lo hacían la tolerancia, la libertad religiosa y la libertad de expresión.
Cuando hace ya más de diez años Theo van Gogh fue asesinado en una calle de Ámsterdam por un joven musulmán ofendido, el entonces ministro de Justicia holandés, es decir, el más alto defensor electo del Estado de derecho, dijo que se debería sopesar un endurecimiento de la legislación contra el llamado discurso de odio. Porque si hubiese existido una ley así, Van Gogh aún estaría con vida. Es decir, si se hubieran criminalizado diferentes tipos de expresiones, habría habido una oportunidad para que Van Gogh nunca hubiera realizado el documental sobre la violencia contra las mujeres en nombre del profeta, documental que llevó a Mohammed Bouyeri a asesinarlo.
“Indigna que tantos hayan sugerido que ‘Charlie Hebdo’ se lo ha buscado”
Hoy podemos decir lo mismo de los colaboradores de Charlie Hebdo. Si se hubieran limitado a lanzar sátiras contra el cristianismo, los políticos y el Papa, y hubieran dejado en paz al islam, estarían vivos gracias a esta terrible discriminación. Pero no lo hicieron. Continuaron haciendo su trabajo.
Y así volvemos al punto de partida: ¿Qué civilización somos si renunciamos a nuestro derecho a publicar opiniones y dibujos que a algunos pueden resultarles ofensivos? Básicamente se trata de un debate sobre cómo convivir en una sociedad cada vez más multicultural y al mismo tiempo mantener nuestras libertades. Podemos, como en las sociedades que no son libres, buscar una falsa armonía criminalizando continuamente nuevas expresiones de acuerdo con la siguiente máxima: si aceptas mi tabú y no te expresas crítica u ofensivamente sobre lo que para mí es sensible y sagrado, yo haré lo mismo.
En sociedades como la nuestra, en las que crece la diversidad, este es el camino hacia la tiranía del silencio.
Otro camino es insistir en que el precio que todos tenemos que pagar por vivir en democracia, con libertad de expresión y de culto, es que nadie tenga un especial derecho a no ser ofendido. Los colaboradores de Charlie Hebdo no habrán muerto en vano, si elegimos este camino como reacción a su asesinato.
Flemming Rose es autor del libro The tirany of silence.